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Domingo de Acassuso 2) CASA
SOLAR:
Domingo de Acassuso nació, probablemente en el año 1659 en el barrio de Llantada del Concejo de Zalla, situado en un valle que atraviesa el río Cadagua, en la parte sudeste de las Encartaciones de Vizcaya, cerca de la villa de Balmaceda. Fueron sus padres Domingo de Acassuso y Ortiz de Sollano, y María de Terreros y Baluga, casados el 15 de agosto de 1639 en la parroquia de Nuestra Señora de la Peña de la Herrera, concejo de Zalla. Según los testimonios, los Acassuso eran de probada hidalguía comarcana y poseían desde tiempo inmemorial el Patronazgo gentilicio de la capilla de San Isidro Labrador “y tierras anexas”, en Zóquita, (Ver Mapa) lugar muy cercano a Zalla, lo que revela el verdadero origen de la devoción familiar por el Santo Labriego, bajo cuya tutela se habían confiado. La historia rioplatense de Acassuso podemos iniciarla el 21 de febrero de 1681, cuando los capitanes Juan de Armaza y Diego Morón pasaban revista a las recién llegadas compañías de infantes reclutados el año anterior en Sevilla y otros lugares de Andalucía para reforzar la defensa de estos dominios hispánicos ante la constante expansión portuguesa. Luego de una larga travesía –iniciada el 10 de octubre de 1680- aquellos soldados desembarcaban de los dos navíos de doble apelativo: el “Nuestra Señora del Rosario, San Miguel de las Ánimas” y el Nuestra Señora del Populo, Santa Bárbara”, cumpliendo las formalidades exigidas por las autoridades coloniales. Así fue como le llegó el turno a un joven vizcaíno que se identificó ante el escribiente declarando ser: “Domingo Cazuzzo”, o al menos así lo entendió el funcionario, ya que de esa manera quedó asentado el apellido del fundador de nuestra capellanía. Los datos completos de la filiación de Domingo de Acassuso quedaron anotados en un libro encuadernado en pergamino que conserva la revista practicada aquel 21 de febrero de 1681 por los capitanes Armaza y Morón, cuya descripción literal es la siguiente: “Domingo Cazuzzo. H. del miso. nl. Consejo de Zalla, en el Señorío de Vizcaya, medo, algs. oyos de virus en la nariz, 22 id.” (lo que debería entenderse como: Domingo de Acassuso, hijo de otro Domingo de Acassuso, natural del Concejo de Zalla, en el Señorío de Vizcaya, mediano (de estatura), algunos hoyos de viruela en la nariz, 22 años, soldado”).
Durante sus recorridas por los Pagos de la Costa tuvo la oportunidad de experimentar la fuerte sugestión del pintoresco paisaje de estos parajes, motivo que seguramente lo resolviera a levantar una capilla sobre sus barrancas bajo la advocación de San Isidro, en devoto recuerdo de aquella otra de propiedad familiar dejada en el lejano terruño de Zóquita. Dice una tradicional leyenda que, en una de aquellas recorridas, Acassuso desmontó de su caballo para hacer un alto en el camino, eligiendo un frondoso espinillo que le permitiera reposar al resguardo de su sombra. Pronto se quedó dormido en un profundo sueño durante el que se le apareció el mismísimo San Isidro Labrador requiriéndole que, cuando dispusiera de fortuna, levantase en ese lugar una capilla donde pudiesen asistir a misa los pobladores de aquellos pagos. Una vez despierto, fuertemente sugestionado por el extraño sueño, aceptó el compromiso de dar cumplimiento al requerimiento del Santo ni bien su situación económica se lo permitiese. Poco después, Acassuso abandonó la milicia para dedicarse al comercio con una casa de negocio a pocos metros de la Plaza Mayor (en la actual calle San Martín, entre Rivadavia y Bartolomé Mitre, frente a la Catedral Metropolitana). Su actividad comercial consistió en la venta de comestibles, géneros, herramientas de trabajo, velas de sebo, cerraduras, clavos, etc., incluyendo el rubro de tráfico de esclavos y acaso el contrabando, ocupación bastante difundida por aquel entonces. Consultando los registros de comercio de esclavos de aquella época podemos comprobar algunos negocios operados por Acassuso en el tráfico. A título ilustrativo diremos que el 4 de noviembre de 1715 el navío Wiltshire traía consignados a Domingo de Acassuso 208 negros de Angola, por un valor de 39.520 pesos, siendo remitidos para su reventa a Chile. El 7 de enero de 1716 recibió otros 16 esclavos con destino local. En abril de 1724 recibe 163 esclavos: 120 sanos por los que abona 200 pesos por cada uno y 43 enfermos con un precio unitario de 100 pesos, todos con destino al Perú. En octubre de 1725 adquiere en la subasta del Retiro 4 negros. Para apreciar la magnitud de este comercio, diremos que por aquellos tiempos Acassuso llegó a introducir en un año 394 esclavos, cuando Antonio de Larrazábal, considerado en su momento el mayor traficante, alcanzó a registrar 578. Indudablemente esta fue la ocupación que le permitió hacer fortuna. Poseía por aquel entonces una propiedad en lo que hoy es la esquina de Moreno y Chacabuco, otra en la actual calle Bolívar casi México, y otra en El Retiro, en las inmediaciones del Real Asiento de los Ingleses destinada al tráfico de esclavos.
Bernardo Lozier Almazan Director del Museo, Biblioteca y Archivo Histórico Municipal "Dr. Horacio Beccar Varela".
Web de Pares Año de
1689 Título de
la unidad: "Real Cédula al gobernador y capitán general
de la ciudad de La Trinidad y puerto de Buenos Aires" Manda que,
en caso de que Domingo de Acasuso, que sirve en el presidio de Buenos Aires,
pida licencia y venga en la instancia que hace María Terrero, su madre, viuda y vecina del concejo de Çalla, de las Encartaciones
del señorío de Vizcaya, se le conceda. Año de
1710 Título de la unidad: "COMISIONES
AUDIENCIA DE BUENOS AIRES" Comisión a Juan José de Mutiloa y Andueza, alcalde de casa y corte y oidor de la Audiencia de Sevilla, para averiguación del comercio ilícito practicado en el puerto de Buenos Aires durante los gobiernos de Alonso Juan de Valdés e Inclán y Manuel de Velasco y Tejada, y siendo oficiales reales: Diego Sorarte, contador, Antonio de Anuncibay, tesorero, Miguel Castellanos, contador, Domingo de Acasuso, contador interino, Pedro Guezala, tesorero interino etc... Se procedió contra estos y otros implicados por los daños y perjuicios que los referidos habían causado a la Real Compañía de Guinea, establecida en Francia, y a otros vecinos de Buenos Aires. |
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